Proyecto K-219: Macedonia, diario de una experiencia inolvidable

Como os adelantamos, los compañeros que forman parte del proyecto K-219 por la la integración han visitado recientemente Macedonia. Nos cuentan que la experiencia ha sido inolvidable y única. Pero lo mejor es que podemos conocerla de primera mano gracias al diario de un viajero, Emilio J. Fernández de Simón profesor de Dibujo del centro, participante en el proyecto Erasmus.

Macedonia2

@ Emilio J. Fernández de Simón

DIARIO DE MACEDONIA

Las maletas no excedieron el peso máximo autorizado y los vuelos y el paseo por el aeropuerto de Estambul no supusieron mayores problemas que el de comer el menú y la merienda que la compañía aérea nos ofreció(uno de los entretenimientos de un viaje en avión) e ir a la caza de redes wifi abiertas.

Cuando llegamos al vestíbulo del aeropuerto de Skopje, la capital de Macedonia, era de noche, y aunque la sala estaba casi desierta,pudimos cambiar euros por denares en la única oficina abierta. Allí mismo nos ofrecieron el servicio de taxi que nos trasladó a nuestro céntrico hotel.Tardamos poco en salir a conocer la ciudad. Celebraban la Pascua en la iglesia ortodoxa de San Clemente.Bajo su imponente lámpara, los fieles agachados, pasaban por debajo de una mesa para después, al levantarse, ser rociados con agua bendita. Después paseamos hasta  la orilla del caudaloso río Vardar que refleja los principales edificios de la ciudad junto al que compartimos nuestros sándwiches sobrantes. El postre lo tomamos en la terraza de una heladería de Macedonia Square y por primera vez apreciamos lo barato que resultaba consumir en comparación con nuestro país.

 

En Macedonia es la misma hora que en España pero amanece dos horas antes. Temprano pude ascender por un sendero del monte sin llegar a la cruz de varillas de acero que preside las dos ciudades macedonias en las que estuvimos y supongo que muchas otras.  Aún hubo tiempo de pasear en bicicleta junto al río antes de desayunar con los alumnos en el hotel y salir nuevamente por la ciudad. Volvimos a la plaza, radiante de sol, llena de esculturas y fuentes monumentales, cruzamos el puente de piedra que conecta con la ciudad vieja y visitamos el DautPashaHamam, unos antiguos baños turcos reconvertidos en sala de arte. Callejeamos, compramos en algunas tiendas del Old Bazar, recorrimos la muralla de la fortaleza, llegamos hasta la mezquita Sultán Murad y entramos en ella.Volvimos al bazar para comer en una recoleta plaza llena de restaurantes junto a una pequeña fuente. Para tomar el postre, por unanimidad, volvimos a la heladería, donde una camarera nos atendió en un perfecto español aprendido en las telenovelas.

En los puestos de souvenirs de la plaza descubrimos que estábamos en la ciudad natal de Madre Teresa de Calcuta cuando ya teníamos que irnos.A la hora prevista la furgoneta nos esperaba en el hotel para llevarnos a Prilep e iniciar propiamente el programa Erasmus ya que la estancia en la capital había sido un regalo por ahorrar en el coste del avión. A las puertas del que sería nuestro hotel, sentadas en un café, estaban nuestras compañeras turcas y nos esperaban las familias y estudiantes de acogida. Después de los saludos protocolarios y dejar a nuestros alumnos con sus familias, me conecté a la inconstante red wifi del hotel, y, en el primer mensaje a mi familia desde Prilep,dije que me gustaba mucho la ciudad que describí como algo destartalada. Nuestra primera cena después de presentarnos fue con alemanes e italianas.

Al día siguiente, al amanecer fotografié Prilep desde mi habitación, la “torre de Pisa”, la Clock Tower que daba todas las horas y sus medias, a la izquierda, el bazar a la derecha y la sierra al fondo.Tuve tiempo para pasear por el centro de la ciudad tranquilamente antes de desayunar y dirigirnos al punto de encuentro para la excursión programada a  Ohrid y al monasterio de StNaum (ya que el lunes seguía siendo fiesta y no había clase).

Ohrid es una ciudad declarada patrimonio de la humanidad por sus valores culturales y naturales. Está a la orilla del lago del mismo nombre y la ciudad vieja es un regalo para los sentidos. Allí continúan excavando y apareciendo vestigios de las distintas civilizaciones asentadas: macedonios, romanos, bizantinos,… Fue centro misionero y docente. Después de comer y probar el rakia, licor típico del país de sabor similar al brandy,nos dirigimos al monasterio de ST Naum por una carretera que serpenteaba junto al lago. El aparcamiento estaba casi vacío pero al pasar al recinto lo primero que encuentras es una hilera interminable de puestos. Cuando los dejamos atrás y llegamos al rio, avanzada la tarde, la tranquilidad y la paz eran completas.Seguimos hasta la iglesia, pavos reales nos dieron la bienvenida y nos quedamos disfrutando del sol junto al lago. Antes de volver pude entrar en la iglesia policromada de los siglos X a XII y disfruté en solitario de sus frescos.

La llegada al centro

Hay dos tipos de ciudades: las de cables ocultos y las de cables colgando surcando el cielo en todas direcciones. Prilep es de estas últimas. El martes fue el primer día de trabajo en el SEO GjorchePetrov.  Tras extraviarnos,  llegamos unos minutos tarde. Nos dieron la bienvenida con sus trajes regionales y ofreciéndonos un dulce del que desgajábamos un trozo que impregnábamos en sal antes de comerlo. El director inauguró el encuentro. Los alumnos hicieron sus primeros talleres, y nos regalaron huevos de Pascua  que habían decorado. Presenciamos la mayoría de los trabajos que los estudiantes habían realizado en formato digital, haciendo algunos cambios en la programación prevista. La comida fue magnífica, probamos los platos típicos que las familias habían preparado para nosotros, entre otros: tavcegravce (alubias), burek (pasta), ajvar (salsa de pimientos rojos), tulumba (postre con miel). Por la tarde paseamos por la animada ciudad, tenía ganas de fotografiarla pero no lo hice, me atraían las puertas y tiendas viejas y los escaparates llenos de trastos, pero no estaba seguro de que a los vecinos y comerciantes les agradara que lo hiciera. Al día siguiente, cuando la ciudad estaba aún desierta robé alguna instantánea.

El miércoles alumnos y profesores trabajamos por separado.Ellos realizaron sus puestas en común y nosotros programamos los próximos encuentros de Turquía e Italia. Todos visitamos el ayuntamiento. La comida organizada por los anfitriones fue bajo el agradable porche de un patio en un restaurante macedonio. Imposible comerse todo. A partir de entonces tuvimos más cuidado al elegir. Por la tarde, a pesar de los problemas de comunicación con el taxista que nos llevó hasta la piedra del Elefante, salí de la ciudad con Zhera, compañera alemana, para dar un paseo por MarkuviKuli (Marco´sTowers), dos moles graníticas desde las que se domina la ciudad y en las que está enclavada la cruz de Prilep. Las vistas desde allí son fabulosas, a un lado los rojos tejados a dos aguas de la ciudad, hacia el otro los verdes campos de cultivo. A un lado los sonidos de la calle, al otro la música tradicional de una granja lejana. Volvimos hacia el hotel entre cabras, perros, gallos, niños, callejeando por casas de ladrillo que parecen inacabadas con pequeños huertos delante de la fachada preparados para sembrar, entrando en una tienda de barrio a comprar fruta,  intentando hablar con unos vecinos sentados al fresco que nos ofrecían un taxi que rechazamos. Llegamos al hotel junto a una bandada de cuervos que graznaban al posarse en dos árboles.Después del aseo, quedó tiempo para compartir cerveza y partido del Real Madrid fútbol en un bar, y cuando pensé que Emmanuella y Roberta, nuestras colegas italianas, serían rivales resultó que como buenas simpatizantes del Torino, deseaban que la Juventus no se clasificara.En vez de blanco, cada vez lo veía más negro, hasta que llegó el polémico penalti.

El jueves después de nuestra reunión de trabajo volvimos a compartir el aula con los alumnos.  Se expusieron carteles, trabajos sobre la diversidad de lenguas y alguno de nuestros  trabajos que faltaban por ver.Por la tarde fue el emotivo acto de clausura con un pequeño skecth de teatro, canciones de Abba y  canciones y bailes regionales macedonios cargados de emoción y sentimiento. Por la tarde, José Angel  y yo, tuvimos tiempo de hacer una rápida ruta de senderismo, calculamos que a las seis sería la hora límite para iniciar la vuelta y a menos cinco llegábamos al Monasterio de HolyMother of God por montañas similares a La Pedriza madrileña. El paseo resulta ameno, variado y el final en el viejo monasterio en restauración entre andamios y riostras de madera es fantástico. Volvimos por el mismo camino a tiempo para la cena de clausura con los profesores en la que por suerte para mí acabé sentado entre las compañeras macedonias e italianas en la zona con menos conocimientos angloparlantes. Todos los momentos de trabajo u ocio que compartí con mis compañeros fueron muy agradables, pero este especialmente.

El viernes por la mañana lo dedicamos a despedirnos de Prilep visitando sus principales centros de interés: el Museo del Tabaco, una iglesia ortodoxa, el Museo Memorial  11 de Octubre de 1941, día de inicio de la revolución armada, la vivienda de uno de los revolucionarios y el Museo de Iconos. Despedimos a los alumnos y comimos los profesores excepto Emmanuela y Roberta que ya estaban regresando a Italia. Durante la comida se despidieron Hatice y Fonda. Después de comer me despedí de Elisabeta que a pesar de estar convaleciente no dejó de ayudarnos y acompañarnos, de Petra,de Natasa, de  Isabella y de Venera para ir con Goce a la casa-estudio de mi colega Marta, donde nervioso, con Goce interpretando mi limitado inglés, compré algunos de sus hermosos cuadros sin saber si la ofendí pagándole de más o de menos. Esta circunstancia y los nervios de ser la última tarde me pusieron de mal humor. Me retiré a mi habitación mientras algunos de mis compañeros hacían las últimas compras en las tiendecitas del bazar. Cansado e irritado bajé a un bar de la plaza a tomar una última cerveza.Lo anuncié en el grupo de whatsapp y enseguida se unieron Daniel y José Ángel. Nos despedimos de Zhera. Me acosté cansado, me dormí pronto, me desperté antes de tiempo y tuve que hacer hora antes de bajar a la recepción, reunirnos con las familias para despedirnos emocionados y regresar a Madrid, lo que ocurrió, sin contratiempos.

 


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