Ciclo APSD. Celebración Día del Cuidador

Algunos días no habrá una canción en tu corazón. Canta de todos modos” (Emory Austin).

El 5 de noviembre se celebra el Día del Cuidador, promovido por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). Se celebra desde 2014 para dar visibilidad y reconocer el trabajo de todas aquellas personas que, bien de forma altruista, familiar o profesional, se dedican al cuidado de personas en situación de dependencia.

La forma de celebrar en el Instituto este día tan señalado para nosotras/nosotros, fue realizar una charla contando con la presencia de un trabajador social, Carlos González Rosado. Nos estuvo explicando el trabajo que se realiza en los Servicios Sociales así como los procedimientos que se deben seguir para solicitar cualquier tipo de prestación derivada de la atención a las personas en situación de dependencia, profundizando en el servicio de ayuda a domicilio, servicio donde el cuidador/a tiene un papel fundamental.

Fue un encuentro muy interesante, ya que nos permitió consultar dudas con casos reales para saber cómo se podían gestionar, o cómo se tenía que proceder para realizar algunos trámites.

Tradicionalmente la figura del cuidador se ha asociado a la familia, y más concretamente a la mujer. Esto es una realidad que con el tiempo ha ido cambiando, motivado principalmente por la incorporación de la mujer al trabajo.

Algunos datos estadísticos relevantes: uno de cada dos españoles presta cuidados al menos una vez por semana, cuatro de cada diez destinan más de 20 horas semanales a la atención y, muy importante, siete de cada diez cuidadores  que dedican estas 20 horas al cuidado de otra persona tienen más de 65 años.

Por eso es de vital importancia que seamos conscientes de la necesidad  de replantear formas de actuar, tanto como sociedad, como de las instituciones sociales, sanitarias y políticas para dar apoyo a la labor de estas personas, principalmente por tres motivos: primero, para que esta realidad sea más visible; segundo, que obtenga el reconocimiento social y que se le de validez al trabajo que realizan; tercero, aumentar la cantidad y calidad de recursos necesarios para que puedan desarrollar su trabajo de la mejor manera posible.

Porque cuidar es un trabajo muy duro, no solo a nivel físico, si no sobre todo emocional. La figura del cuidador, sea o no profesional, se caracteriza por la dedicación, el esfuerzo, la paciencia, la comprensión, el cariño y la lucha diaria. Debe ser una persona con una gran capacidad de empatía para poder entender a la persona que cuida, y de entrega, ya que muchas veces desarrollar este trabajo supone aislarse socialmente y soportar una carga psicológica elevada.

Por eso es muy importante “cuidar al cuidador”, establecer una serie de pautas para evitar el desgaste, como solicitar ayuda cuando lo considere oportuno, no olvidarse de uno mismo, llevar unas hábitos de vida saludables, aprender a asumir las situaciones límite, estar motivado teniendo en cuenta siempre los logros que se van consiguiendo, programar día a día lo que se quiere realizar pero sin imposición de tiempo, no aislarse, mantener relaciones afectivas y saber decir que “no”, entre otras.

Por eso la cita del principio, un cuidador siempre debe tener la actitud de tener el corazón alegre y contento, aún con todos los inconvenientes o problemas que pueda tener en su trabajo. No hay mayor satisfacción que ver la cara de alegría, de tranquilidad, de esperanza de la persona cuidada cuando ve que hay alguien que se preocupa por ella y por su bienestar. Muchas veces con la simpleza de tener su mano cogida y mirarle a los ojos haces que su día cobre sentido y sea feliz.


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